El exmandatario estadounidense impulsa una polémica reforma en la residencia presidencial, con el objetivo de crear un nuevo espacio para eventos oficiales y recepciones privadas.

Donald Trump volvió a generar controversia en Washington tras autorizar la demolición parcial del frente del ala este de la Casa Blanca. Según trascendió, el proyecto prevé la construcción de un imponente salón de fiestas con capacidad para más de quinientos invitados, equipado con tecnología de última generación y detalles de lujo inspirados en los grandes hoteles de Las Vegas.

Desde su entorno aseguran que la obra busca “modernizar” las instalaciones y abrir un espacio para “celebraciones protocolares”, aunque la oposición cuestionó el costo y el simbolismo de alterar una de las zonas históricas del edificio. La renovación forma parte de una serie de reformas más amplias que Trump habría impulsado con el objetivo de “dejar su marca” en la arquitectura presidencial.

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