Con más del 54 % de los votos en la segunda vuelta, el centrista Rodrigo Paz Pereira pone fin a más de dos décadas de dominio del Movimiento Al Socialismo (MAS) y enfrenta una profunda crisis económica y polarización social.

Tras semanas de campaña intensa y un clima político cargado de expectativas, Bolivia celebró el domingo una segunda vuelta presidencial que marcará el inicio de una nueva era. Con el 97 % de los votos escrutados preliminarmente, Rodrigo Paz, candidato por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), obtuvo aproximadamente un 54,53 % frente al 45,47 % de su rival Jorge Quiroga. 

En su primer discurso como presidente electo, Paz llamó a la unidad nacional e instó a trabajar con «todos los hombres y mujeres que quieran a la patria». Por su parte, Quiroga reconoció la derrota y descartó irregularidades en el proceso electoral, asegurando que presentarían evidencia únicamente si existiera un fraude sistemático. 

Este resultado implica un cambio simbólico profundo: la victoria de Paz y su fórmula pone punto final (o al menos una interrupción) al largo ciclo de gobiernos vinculados al MAS que gobernaron Bolivia desde 2006, con apenas una excepción. En la primera vuelta realizada en agosto, el MAS quedó estrepitosamente por debajo, con apenas el 3,1 % de los votos.

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