Un estudio reciente sugiere que un mal drenaje linfático cerebral podría estar detrás de los síntomas cognitivos de muchos pacientes, principalmente mujeres, tras la quimioterapia.

Cuando muchas personas escuchan hablar del “quimiocerebro”, lo relacionan con olvidos temporales o lapsus mentales durante el tratamiento oncológico. Pero esta manifestación —también conocida como niebla mental o deterioro cognitivo asociado al cáncer— puede persistir durante meses o incluso años en algunos casos. Un nuevo estudio arroja luz sobre posibles mecanismos y refuerza la urgencia de que el tema sea parte de la agenda médica y de los cuidados integrales.

¿Qué es el quimiocerebro?

El término “quimiocerebro” agrupa una variedad de síntomas que afectan la memoria, la concentración, la velocidad del pensamiento y la capacidad para lidiar con múltiples tareas. Muchas personas describen una sensación de lentitud mental o de “niebla” persistente. Entre el 70 % y el 75 % de los pacientes oncológicos pueden experimentar estos efectos durante o después del tratamiento, mientras que un porcentaje menor los sufre incluso antes de iniciar la terapia.
Los síntomas más frecuentes incluyen dificultad para encontrar palabras, olvidos diarios, incapacidad para concentrarse, fatiga mental, y a veces alteraciones del estado de ánimo como irritabilidad o ansiedad.

Nueva hipótesis: el drenaje linfático cerebral

Un estudio reciente publicado en Communications Biology pone sobre la mesa una hipótesis provocadora: el deterioro del drenaje linfático cerebral (específicamente de los vasos linfáticos meníngeos) podría contribuir al desarrollo del quimiocerebro. Según los investigadores del Virginia Tech’s Fralin Biomedical Research Institute, los fármacos oncológicos podrían afectar esta red de drenaje, provocando acumulación de sustancias tóxicas o inflamatorias en el cerebro.
Interesantemente, las mujeres parecen estar más afectadas por este fenómeno, lo que podría tener relación con tratamientos hormonales frecuentes en ciertos cánceres y diferencias biológicas en la anatomía cerebral.

Factores que influyen

Aunque la quimioterapia ha sido históricamente la causa más señalada, no es la única. Otros tratamientos oncológicos —como la radioterapia, la terapia hormonal o la inmunoterapia— y condiciones asociadas (estrés, fatiga, cambios hormonales, privación de sueño o anemia) pueden contribuir al impacto cognitivo.
Además, factores individuales como la genética, la edad o la presencia de otras condiciones médicas también pueden modular la intensidad y duración de los síntomas.

¿Existen tratamientos o estrategias?

No existe una cura definitiva para el quimiocerebro, pero hay más de una estrategia que ha mostrado beneficios:

  • Ejercicio físico: actividades aeróbicas moderadas pueden mejorar la función cognitiva.
  • Estructurar la rutina: mantener horarios regulares, evitar multitareas y usar herramientas de apoyo (agendas, recordatorios).
  • Entrenamiento cognitivo: ejercicios de memoria, concentración o juegos mentales.
  • Cuidados del sueño y manejo del estrés: técnicas de relajación, descanso adecuado y acompañamiento psicoemocional.
  • Consulta médica: es clave que quienes experimentan estos síntomas lo comenten con su oncólogo o neurólogo, para descartar otras causas y evaluar estrategias de rehabilitación neurológica.

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