Con poco más de medio millón de habitantes y apenas 4.033 km², el archipiélago africano se convierte en la nación más chica de la historia en alcanzar una Copa del Mundo y el segundo menos poblado luego de Islandia.

Cabo Verde rompió barreras futbolísticas al asegurarse un lugar en el Mundial 2026, luego de vencer 3-0 a Esuatini y consolidar su paso ante Camerún. Es la primera vez que este país insular africano se clasifica para una Copa del Mundo, algo que muchos califican como un hito inédito.

Con una población estimada en torno a los 525.000 habitantes, se convierte en el segundo país menos poblado en la historia de los Mundiales, sólo superado por Islandia (que lo hizo en 2018 con unos 330.000 habitantes). Pero además, Cabo Verde establece otro récord: es la nación más pequeña en territorio que jamás haya clasificado, con sus apenas 4.033 kilómetros cuadrados. Hasta ahora, ese título lo ostentaba Trinidad y Tobago, que logró hacerlo en el Mundial de 2006 con algo más de 5.000 km².

Este logro es resultado de años de trabajo futbolístico y planificación deportiva, en un país que nunca había llegado tan lejos. Para los habitantes del archipiélago —distribuidos en diez islas frente a la costa de Senegal—, la clasificación despierta un orgullo inmenso: una ilusión que ahora se convierte en realidad.

Cabo Verde no sólo entra al mundo del fútbol global, sino que redefine los límites: demuestra que no importa el tamaño ni el número de habitantes, sino la pasión, la constancia y el talento para alcanzar lo extraordinario.

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