En medio del debate sobre las políticas de ajuste impulsadas por el Gobierno nacional, Myriam Bregman reivindicó la sensibilidad social como un valor político y marcó distancia del discurso de la ultraderecha: “Y sí, soy sensible: me preocupa la pobreza, me preocupa que los pibes y pibas no coman, me preocupa la educación pública, me preocupa el Garrahan”, afirmó la candidata a diputada nacional por el Frente de Izquierda.
Bregman consideró que la insensibilidad se volvió una marca del gobierno de Javier Milei, que “recorta donde más duele” mientras beneficia a los sectores concentrados. La diputada advirtió que no se puede naturalizar el sufrimiento social ni aceptar como normal la falta de empatía frente a la crisis.
“La sensibilidad no es debilidad. Es compromiso con los que sufren, con los que trabajan y con los que el poder prefiere ignorar”, señaló.
Durante su intervención, Bregman defendió la idea de que la política debe recuperar su dimensión humana frente a la lógica del ajuste y los números fríos del mercado. “No se trata solo de indicadores económicos, se trata de vidas reales —dijo—. Cuando cierran un comedor o cuando un hospital no puede atender, hay un Estado que eligió mirar para otro lado.”
La candidata del FIT remarcó que las decisiones del Gobierno están afectando de forma directa a los sectores más vulnerables, en especial a niños, jubilados y trabajadores de la salud y la educación. “Recortar al Garrahan no es una medida técnica, es una muestra del desprecio por lo público y por quienes sostienen el país todos los días”, cuestionó.
Bregman llamó a revertir la idea de que la empatía es un signo de debilidad y a construir una política basada en la solidaridad y el compromiso colectivo. “Ser sensible hoy es un acto de rebeldía. Porque frente a un poder que se jacta de no sentir, nosotros elegimos sentir, acompañar y luchar para cambiar las cosas”, concluyó.





